El que por su gusto es buey...

Publicado en por El Jaguar Rojo

Buenas noches:

Saludos, estimados lectores. Esta primera publicación tiene doble objetivo. Primero, gusto en conocerlos, en escribirles y ojalá les guste lo que escribo. Todavía no le agarro la onda a esto de los blogs muy bien, pero con tiempo y un ganchito...

Bueno, para que sepan un poco de mí, soy mexicano, a las 12:27 AM (o sea, de la noche) del miércoles 3 de junio del 2009 cuento veinticinco años. Soy ingeniero ambiental, ávido lector de diversos géneros, jugador de ajedrez semi-retirado, jugador de football americano aún más retirado, y artista amateur entre otras cosas. Tengo novia, una maravillosa mujer sobre quien ahondaré más a su debido tiempo.  Fabulosos amigos de casi todas las etapas de mi vida y, en fin, una vida de la que no me quejo. Soy jodido, usuario de transporte público, y en el trabajo, sobre todo frente a la “autoridad competente” me he tenido que tragar mi orgullo o de plano ir a hacer el ridículo en más de una ocasión. Gajes de oficio.

En fin, el primer artículo de este blog es un breve análisis de la cultura mexicana que se me ocurrió cuando, precisamente, venía caminando de regreso al trabajo, alrededor del medio día, luego de una de esas enormemente disfrutables (léase con mucho sarcasmo) charlas con la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal. Debo admitir que la frase que me inspiró a escribir las siguientes líneas la pronuncio la persona con quien caminaba: mi amigo, mentor y maestro, cuya identidad no revelaré, al menos por ahora.

En fin, resulta que pasábamos frente a uno de esos puestos de periódicos, el cual siempre volteo a ver porque, en una jugada efectiva pero artera, en la esquina que queda más cerca del paso, gustan de colocar tres o cuatro de esos diarios amarillistas. Me llamó la atención que el artículo de primera plana mostrara a un par de viejitas abrazadas, con el encabezado  de “Volvió a nacer”.

Asumo que una de las señoras sufrió un ataque cardiaco o una embolia y logró una milagrosa recuperación cuando la esperanza parecía perdida. Peco de frialdad, lo admito, pero más que la buena noticia de saber que la señora se recuperó de lo que fuera que casi la mata, lo que me llamó la atención verdaderamente era la certeza que, después de rebuscar en mi memoria confirme, era la primera vez que en ese diario no aparecía un muerto: un atropellado, un balaceado, un acuchillado, chocados, etcétera.

Le comenté a mi compañero de mi conclusión y el respondió con una breve explicación del pasado de México como pueblo guerrero, y que esa fascinación por la sangre permeada hasta nuestros tiempos.

Fue así como llegué a la conclusión de que México, aún en el 2009, es una nación de tribus. No es que esto sea malo, si no que es interesante ver los aspectos de nuestra cultura prehispánica que permean en la actualidad. Es divertido darse cuenta, o al menos especular, sobre aquellos rasgos de nuestros antepasados que ni más de 500 años de cristianismo y civilización occidental han podido quitarnos.

Sabemos de sobra que nuestros antepasados, principalmente los mexicas, eran bastante sanguinarios. No hay argumento atenuador para esto, pero es cierto que las culturas del México prehispánico tenían la vida en gran estima, es cierto que profesaban una devoción enorme hacia sus dioses, y también es verdad que la sangre es una manifestación de la vida. Así que ¿qué podría ser verdaderamente digno de ofrecer a un dios? , ¿qué era lo más valioso que un hombre poseía, y por lo tanto, que podía ofrecer como no fuera la propia vida? Bajo la premisa de que el sol debía ser alimentado con la sangre del enemigo, nuestros ancestros del valle de México llevaron la guerra desde Pacífico hasta el Golfo, del límite norte de Mesoamérica, hasta las enmarañadas selvas de Chiapas.

Desde entonces se desarrolló una fascinación a la sangre que perdura hasta nuestros días. He de aceptar que dicha curiosidad morbosa por los cadáveres no es exclusiva de los mexicanos, pero basta ver algunas de nuestras estructuras políticas y sociales para darse cuenta de que la herencia mexica aun permea en nosotros. Las pequeñas células del poder político no son otra cosa que cacicazgos, donde una bola de lamebotas , cabe destacar que no todos son unos completos inútiles, se la viven lisonjeando al “Cacique” de cuya influencia se benefician o, por lo menos, esperan así quitarse su terrible presencia de encima: mejor en la mano del diablo que en su camino, dicen algunos.

Hay otros aspectos, que si bien no son exclusivos de los mexicanos, si es curioso ver el cúmulo de éstos en la sociedad; que parecen traer a la luz la noción de nuestra sangre guerrera no nos ha dejado del todo. Existe el respeto que se gana aquel que es bueno peleando, la estructura y las políticas familiares (el hombre al trabajo y la mujer en la casa, entre otras), la importancia, casi reverencia, que recibe el deporte por parte de los aficionados, entre otros.

Sin embargo, esto de ninguna manera debe considerarse como algo negativo. Digo, si bien algunas de estas características son obstáculos directos al progreso nacional, las culturas antiguas tenían muchas cualidades: la devoción al núcleo familiar, una voluntad indomable, coraje y deseo de triunfo.

Nuestro gran coraje está de manifiesto en las aparente facilidad con que el mexicano afronta tragedias y se recupera de ellas, como sociedad, principalmente. Hace unos días, no había pasado la alerta sanitaria por la influenza y ya se mostraba el humor al respecto, poniéndole un tapabocas al rostro de Don Benito Juárez en los billetes de veinte pesos. En 1985, mientras la ciudad aún se encontraba en labores de auxilio inmediato tras el gran temblor, ya circulaban las caricaturas y monos satíricos al respecto, hechos por nosotros mismos.

En fin, debo terminar esta entrada de blog antes de que se vuelva tediosa (¿más?) y de paso les informo que la siguiente entrada será, continuando con temas del México antiguo, una breve semblanza de un personaje determinante, si no es que el más importante, de dicha etapa de la vida del país: Tlacaelél. Obviamente, si antes se me ocurre otra cosa, escribiré sobre ella, pero éste tipo de temas, los que anuncie en la última entrada, son obligatorios.

Nos veremos luego.

El Jaguar.

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Etiquetado en Ensayos

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O
Me parece demasiado intenso lo que escribiste... y sí, en definitiva creo que tienes razón, en realidad nunca me había detenido a hacer un análisis así (yo pienso en otro tipo de cosas ja ja ja), pero creo que definitivamente tienes razón.<br /> Una sola cosa qued{o en el aire: ¿cuál fu{e la frase disparadora de tu análisis?.<br /> <br /> Y esta pregunta a t{itulo personal ¿quién es tu mentor?
Responder
E
<br /> Hello:<br /> <br /> 1.- La frase disparadora fue: México es un país de tribus<br /> 2.- Considero al biólogo mi mentor, pues le he aprendido varias cosas<br /> <br /> Gracias por tu comentario. Considero el calificativo intenso como un verdadero cumplido, y la verdad, aún más satisfactorio viniendo de ti, amiguis. Cuídate mucho y échale ganas.<br /> <br /> - El Jaguar<br /> <br /> <br />