Desconversión parte IV
Saludos:
Vaya que ha pasado el tiempo. Una disculpa, antes que otra cosa, por la larga ausencia. No hay pretexto, solo que preferí conentrarme en otras cuestiones diferentes a este blog.
Antes de continuar con la historia de mi pérdida de fe y las razones que me llevaron a ella, quiero compartirles un poco de lo que fue mi experiencia como una persona de fe. ¿Por qué? No lo sé, pero sencillamente siento que algo que en un momento fue una parte tan importante de mi, merece una adecuada despedida, aunque para nada pueda hacerlo con la belleza de Tom Hardy en "El Funeral de Dios". Similarmente, quiero compartir con ustedes algunas características de los no creyentes que tal vez no conozcan.
Algo que los creyentes deben tener en cuenta, es que para el que fue creyente, la experiencia de la pérdida de fe en la gran mayoría de las ocasiones no es asociada a un sentimiento de dicha, ni siquiera de libración. Lo que se siente es miedo, porque se abre un totalmente nueva visión del mundo, una desconocida, más cercana, pero sin el consuelo de pensar en alguien que te cuida todo el tiempo. Al principio, al menos en mi caso, se siente incluso un malestar físico, como tener el cuerpo cortado, y escalofríos.
Lo anterior lo digo porque hay muchos creyentes que nos critican dicicendo que "lo único que quiere es pecar", o "están enojados con Dios/con la iglesia y solo se quieren desquitar" y otras cosas por el estilo. Pero esasafirmaciones son totalmente falsas. No disfrutamos perder la fe, no queremos vender la idea de que dejando la fe, algo positivo va a surgir en sus vidas. No hacemos afirmaciones injustificadas.
Ahora, yo no sé los demás, pero yo rezaba por las mañanas. Nunca pedía nad para mí, si no solo la seguridad de mis seres queridos. O rezaba cuando necesitaba meditar una situación complicada. Como me enseñaron, la oración no era como pasarle a dios un lista de compras de supermercado, si no una oportunidad de hablar con alguien que siempre escuchaba sin juzgar y sin poner pretextos. Podías contar con dios aun cuando no contabas con nadie más. Admito que nunca escuché a dios contestarme, o hablarme de forma alguna mientras rezaba, pero no lo necesitaba. Con toda claridad podía ver en mi mente su imagen sonriente, que sin decir nada manifestaba todo el apoyo que yo necesitaba. Fue un rasgo definitivo de mi pérdida de fe el dejar de rezar, fue el último paso.
En otros temas, supongo que desde muy chico tenía muy poca confianza en la doctrina de la revelación. Una vez que fui conciente de la gran cantidad de religiones en el mundo, se me hizo injusto que una gran cantidad de personas buenas fueran condenadas al infierno simplemente por tener otra fe. No formaba en aquel entonces un argumento coherente, era mas bien como cuando, por ejemplo, vez un espejo de coche fijado con cinta adhesiva: sencillamente no está bien.
Para remediar este escollo, me hice a la idea de que todas las religiones eran, de cierta forma, válidas y verdaderas. Dios era real, pero había elegido distintas formas de revelarse a distintas gentes según su cultura. Ah, inocente de mí.
Si bien nunca puse en duda mi fe, si creo que había otras cosas que tenían más importancia para mi. Hay algo que los ateos y escépticos tenemos en común entre nosotros, y en común con otros grupos: nos interesa, más que otra cosa, la verdad. No nos importa si es una verdad terrible, triste, deprimente, amarga o hiriente; la preferimos sobre la más linda y reconfortante de las mentiras.
No estoy adelantando conclusiones, no quiero dar a entender que la verdad es que no hay dios; y que todos los creyentes vivan engañados. No, lo que quiero decir es que, nosotros los escépticos, ante todo, estamos dispuestos a aceptar lo que sea verdad independientemente de si nos duele, o nos separa de nuestros seres queridos, o cuanto contradice nuestras creencias más arraigadas. De aqui se desprende una pregunta fundamental, que bien puede ser la verdadera diferencia entre creyentes y no creyentes: ¿Cómo determinamos que es verdad y que no lo és?
Y con eso quiero concluir, porque no quiero adelantarme a la narración. Nos vemos en la próxima entrega.
Atentamente,
- El Jaguar