Signos

Publicado en por El Jaguar Rojo

"Mientras más vulgar es un nombre, mas convencido está de que su época debe ser el fin de la civilización."

- William Dietrich

 

No apoyo en lo más mínimo las fantasías del tristemente célebre Nostradamus. No creo en el fin del mundo como un evento causado por poderes extraterrenos que muevan los hilos de la existencia con la complaciente displicencia de aristócrata aburrido.

 

Algún día la vida sobre la tierra terminará: se acabará el agua, se apagará (o explotará) el sol, construiremos la bomba atómica más poderosa y ésta nos borrará de la faz de la tierra.

 

Podríamos incluso adoptar la posición del estoicismo romano: si el mundo se acaba en unos años, o mañana, o antes de que termine esta oración; no importa de cualquier manera. Pues el pasado es recuerdo y el futuro es incierto, y lo único que se pierde es el presente.

 

Ahora, podemos adoptar el ejemplo de Jesús de Nazaret y hablar metafóricamente. Cada persona vive una vida única e irrepetible, y al morir, de cierta forma acaba su mundo pues su consiencia se pierde. ¿Puede entonces el fin del mundo manifestarse como la pérdida de algún aspecto singular de la vida de algún individuo?

 

Sobran las historias de bares que tratan de personas que al perder a su pareja, por ejemplo, deambulan el resto de su existencia como auténticos muertos en vida. Empresarios que quiebran y se refugian en los callejones, huyendo de todos, y principalmente de sí mismos.

 

Lo anterior lo digo porque en fechas recientes hemos sido testigos de pérdidas trágicas. Sin hacer menos la pena de nadie, dejemos de lado la guerra con el narco, los terremotos de Chile y Haití, el derrame del Golfo, la Guerra de Afghanistán, y los demás desastres que han acometido en todos lados a la humanidad y que hemos vivido, a través de nuestros monitores, o pero aún, en carne propia.

 

En este caso, quiero hablar de las posibles causas e implicaciones cósmicas de los siguientes decesos:

 

17 de mayo de 2009, Mario Bennedetti

4 de octubre de 2009, Mercedes Sosa

27 de enero de 2010, J. D. Salinger

12 de marzo de 2010, Miguel Delibes

10 de mayo de 2010, Frank Frazetta

16 de mayo de 2010, Ronnie James Dio

25 de mayo de 2010, Gabriel Vargas

31 de mayo de 2010, Donald Windham

17 de junio de 2010, José Albi

18 de junio de 2010, José Saramago

19 de junio de 2010, Carlos Monsiváis

 

Y esos son solo los que me vienen a la mente de momento. Menciono a todos los anteriores pues sus muertes realmente me impactaron, y confieso que por la Negra Sosa lloré. Con la muerte de estos artistas realmente el mundo parece ya menos brillante. Dado que todos ellos despertaron en mi sentimientos de admiración, ¿será que se aproxima el fin del mundo para mí? No olvido el delicado estado de salud de Gustavo Cerati, ni omito el hecho de que  ni Vargas Llósa, García Márquez o Carlos Fuentes son ya unos jovencitos.

 

Tal vez exagero. Tal vez se trata simplemente de contemporáneos, miembros de la misma generación, por lo que sus muertes en periodos tan cercanos se explica por mera lógica. Podría ser que no esté equivocado del todo, y que una generación realmente le pasa la antorcha a otra y abandona, en una explosión, el escenario.

 

Igual que se fueron Menandro y Plauto, se fueron Plutarco y Seneca. Igual que se fue Poe, se fue Lovecraft y se irá King. Igual que se fueron Sartre y Camus, se irán Chávez y Sabina. Pero no todo está perdido. Nos quedan Rothfuss, Pullman, Falcones, Rodríguez, del Río, y otros tantos que no conozco o que aún no llegan.

 

Sin duda una parte de mi mundo se ha terminado; cada día que vivo muero un poco más y muere el mundo a mi alredor conmigo. El tiempo corre, se cicla, brinca, y tropieza. Pero no se vuelve, ni se detiene. Yo tampoco.

 

Al pasarlo por la calle lo miro de reojo. Le sonrío y me corresponde. ¿Hasta dónde habré llegado cuando me alcance?

 

- El Jaguar

Publicidad

Etiquetado en Ensayos

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post